El duelo entre Portugal y Croacia, considerado por muchos como uno de los mejores del torneo, terminó envuelto en una fuerte controversia tras la intervención de la tecnología arbitral que anuló un gol en el último instante del encuentro y desató un intenso debate sobre el uso del VAR y los sistemas de detección automatizada.
Portugal se impuso 2-1 en un partido de alto voltaje que mantuvo la tensión hasta los minutos finales. El equipo luso comenzó en desventaja tras el gol de Ivan Perišić al minuto 53, pero logró remontar con un penal convertido por Cristiano Ronaldo al 64’ y un tanto de Gonçalo Ramos en el tiempo añadido (90+4’), luego de ingresar desde el banquillo.
Sin embargo, el desenlace se produjo en el minuto 90+12, cuando Josko Gvardiol logró empujar el balón al fondo de la red para el empate 2-2 y forzar la prórroga. La celebración croata, no obstante, fue interrumpida tras la revisión tecnológica que detectó una infracción previa en la jugada.
La FIFA emitió un comunicado en el que explicó que el sistema “Connected Ball”, integrado en el balón oficial del torneo, registró un contacto mínimo por parte del jugador croata Igor Matanović en la acción previa al gol. Según el organismo, este registro permitió a los árbitros confirmar la posición ilegal y anular la anotación.
“El balón oficial del partido incorpora sensores IMU capaces de detectar cualquier contacto leve, lo que proporciona datos en tiempo real para decisiones más precisas”, señaló la FIFA, destacando el uso del sistema como un avance en la precisión arbitral.
La decisión, sin embargo, generó una fuerte reacción en Croacia. Medios como Index destacaron la entrega del equipo bajo el titular “Bravo, Croacia”, mientras que otros cuestionaron duramente el arbitraje.
El diario Večernji list fue más crítico y denunció un presunto sesgo arbitral, señalando que “a Croacia le robaron deliberadamente” y acusando al árbitro de favorecer a Portugal durante todo el encuentro.
El episodio reabre el debate sobre el papel de la tecnología en el fútbol moderno: mientras la FIFA defiende su precisión, sectores del fútbol y la prensa cuestionan su impacto en la emoción y el criterio humano del juego.