El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) confirmó que la marca asociada a Merlín, el ave que se convirtió en un fenómeno viral durante el Mundial de 2026 y que fue bautizada por aficionados como el “pato mundialista”, pertenece legalmente a la familia de Carla Ivette Gómez.
La información fue confirmada por el director del IMPI, Vidal Llerenas, quien señaló a través de sus redes sociales que es un hecho público que Merlín constituye una marca perteneciente a la familia Gómez.
El anuncio también fue difundido por el IMPI y por la Secretaría de Economía de México, encabezada por Marcelo Ebrard.
La decisión llega después de que la propietaria denunciara públicamente que diversas empresas utilizaron la imagen del ave con fines comerciales sin autorización de la familia.
“Necesito registrarlo ya porque es mucho abuso y están abusando con una familia humilde”, expresó Gómez en declaraciones ofrecidas recientemente.
La familia acudió esta semana a formalizar el registro de la marca ante el IMPI, luego de que se identificaran al menos cuatro solicitudes de registro presentadas por terceros desde el pasado 17 de junio.
De acuerdo con los registros públicos del instituto, algunas de las solicitudes fueron tramitadas bajo los nombres “El pato Merlín” y “El pato de la suerte” por personas ajenas a la familia, procedentes de distintos estados del país.
La popularidad de Merlín surgió el 11 de junio, durante el partido inaugural del Mundial 2026 entre México y Sudáfrica. Ese día, la familia Gómez acudió al centro histórico de la Ciudad de México para vender bebidas acompañada del ave, que portaba una camiseta de la selección mexicana.
Las imágenes del animal rápidamente se viralizaron en redes sociales y fueron compartidas por miles de aficionados, convirtiéndolo en uno de los símbolos espontáneos más populares del torneo.
El fenómeno provocó que diversas marcas, incluidas empresas de apuestas, aerolíneas y otros negocios, utilizaran la imagen de Merlín en campañas publicitarias y publicaciones promocionales sin autorización de sus propietarios.
“¿En qué momento nos pidieron permiso?”, cuestionó Gómez al referirse al uso comercial de la imagen del ave.
Con el reconocimiento oficial del registro, la familia podrá ejercer los derechos legales sobre la marca y controlar cualquier utilización comercial futura relacionada con la imagen de Merlín.