El Mundial de Fútbol 2026 representará para México mucho más que la organización de partidos y la recepción de aficionados. El evento se convertirá en una prueba de alcance internacional para evaluar la capacidad económica, logística y operativa del país ante millones de visitantes y espectadores de todo el mundo.
Así lo afirmó el analista económico y financiero Manuel Herrejón Suárez, quien señaló que la justa deportiva servirá para medir el desempeño de sectores estratégicos como transporte, energía, telecomunicaciones, conectividad y sistemas de pago, en un contexto de creciente atención internacional sobre la economía mexicana.
México será uno de los tres países anfitriones del torneo junto con Estados Unidos y Canadá, en una edición histórica que contará por primera vez con 48 selecciones participantes y una movilización sin precedentes de aficionados entre las distintas sedes norteamericanas.
De acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Turismo de México, el Mundial podría atraer a unos 5.5 millones de visitantes, mientras que la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) proyecta beneficios económicos superiores a los 3,000 millones de dólares.
Sin embargo, Herrejón considera que el principal desafío no será únicamente aprovechar la derrama económica, sino demostrar que el país cuenta con la infraestructura y capacidad necesarias para responder a una demanda extraordinaria de servicios.
“El Mundial no solamente pondrá a prueba estadios o capacidad hotelera; pondrá a prueba el funcionamiento integral del país frente a millones de personas observándolo al mismo tiempo”, señaló.
El torneo también tendrá una dimensión económica sin precedentes. Según el comisionado de la FMF, Mikel Arriola, la FIFA estima que el impacto económico del Mundial 2026 será un 80 % superior al generado por Rusia 2018 y un 70 % mayor que el registrado durante Catar 2022.
La exposición mediática también alcanzará niveles récord. Las proyecciones oficiales indican que el partido inaugural en Ciudad de México podría ser visto por hasta 6,000 millones de espectadores acumulados a escala global, superando los cerca de 4,000 millones registrados durante el Mundial de Catar.
Para el analista, el evento funcionará como una verdadera “prueba de estrés” para la economía mexicana en momentos en que el país busca consolidarse como un destino atractivo para la inversión extranjera, impulsado por el fenómeno del nearshoring y la relocalización de cadenas productivas hacia América del Norte.
“La demanda energética aumentará, los aeropuertos operarán bajo presión máxima, las redes móviles enfrentarán exigencias extraordinarias y los sistemas de pago deberán procesar millones de transacciones adicionales”, explicó.
Las ciudades de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, sedes oficiales del torneo en territorio mexicano, ya desarrollan proyectos de movilidad, modernización urbana, conectividad y fortalecimiento de infraestructura para atender el incremento esperado de visitantes.
La Federación Mexicana de Fútbol informó además que se han destinado más de 300 millones de dólares a mejoras y adecuaciones en los estadios que albergarán encuentros mundialistas.
Herrejón concluyó que el éxito del torneo no solo se medirá por la asistencia o los ingresos turísticos, sino también por la percepción que deje el país entre visitantes, inversionistas y organismos internacionales.
“Las mismas variables que observa un turista durante su visita —infraestructura, logística, conectividad y capacidad operativa— son las que evalúan las empresas cuando deciden invertir”, señaló.
En ese sentido, el Mundial 2026 se perfila como una vitrina global para México y una oportunidad para fortalecer su posicionamiento económico en una de las regiones más dinámicas del mundo.