El regreso de José Mourinho al estadio Santiago Bernabéu, 12 años, 8 meses y 24 días después de su salida del Real Madrid, no tendrá el protagonismo que muchos anticipaban. El técnico portugués no estará en el banquillo ni comparecerá en rueda de prensa tras su expulsión en Da Luz, en un reencuentro con el madridismo que lo relegará a un inesperado segundo plano.
El 1 de junio de 2013 marcó la última aparición de Mourinho en el coliseo blanco. Fue el cierre de un ciclo de tres años intensos y polarizantes. Aquella despedida evidenció la división en la grada: el respaldo incondicional de un sector que valoró la reconstrucción del equipo en plena hegemonía del Barcelona de Pep Guardiola, y el rechazo de otro grupo cansado de sus constantes enfrentamientos y polémicas.
Ese día, el resultado ante Osasuna —última jornada de una Liga ya decidida— quedó en segundo plano. Con el subcampeonato asegurado y apenas once jugadores del primer equipo disponibles, las tensiones internas eran evidentes. Mourinho dejó fuera de la convocatoria a Iker Casillas, símbolo del club y protagonista de uno de los episodios más tensos de su etapa.
Álvaro Arbeloa, entonces uno de sus hombres de confianza y hoy técnico vinculado al club, defendió públicamente al entrenador portugués en aquella despedida. “Se ha dejado la vida por el Madrid”, afirmó entonces, destacando su compromiso pese al desgaste de su imagen.
Mourinho evitó acaparar focos en su último día. Permaneció en el túnel de vestuarios hasta el inicio del partido, mientras el ambiente en la grada alternaba silbidos y cánticos a su favor. El encuentro terminó con victoria blanca (4-2), la número 128 en 178 partidos bajo su mando.
Su balance incluyó tres títulos: la Copa del Rey 2011 frente al Barcelona, la Liga 2011-12 de los 100 puntos y 121 goles, y la Supercopa de España 2012. Más allá de los trofeos, dejó la base de un equipo que alcanzó tres semifinales consecutivas de Liga de Campeones, antesala del posterior dominio europeo del club.
Casi trece años después, el cariño de parte de la afición permanece intacto. Sin embargo, su expulsión en Da Luz tras reclamar una segunda amarilla a Vinícius Junior condicionará su retorno. Solo podrá ser mencionado por megafonía durante la lectura de las alineaciones. Sus declaraciones posteriores, en las que cuestionó la celebración del brasileño tras denunciar un episodio de racismo, han reavivado críticas entre quienes nunca comulgaron con su estilo.
El Benfica confirmó que Mourinho no comparecerá ante los medios, y el Real Madrid espera la notificación oficial para ubicarlo en un palco acristalado del nuevo Bernabéu. Incluso no se descarta que siga el partido desde el hotel de concentración, en comunicación telefónica con su equipo técnico. Una escena distante del Mourinho combativo y omnipresente que marcó una era en el club blanco.